El domingo amaneció con un cielo limpio y una luz que entraba por la ventana de mi habitación, reflejándose en las paredes. Intenté concentrarme en mis cosas, en tareas que me ayudarían a despejar la mente, pero no lo logré. Cada pensamiento se me escapaba hacia él: Adrián. La forma en que me miraba, su ruda protección, sus susurros provocadores, todo lo vivido el sábado me había dejado completamente desarmada.
Mientras revisaba mi teléfono, vi un mensaje inesperado:
“Si no tienes planes para e