Capítulo 97. Una mujer normal
Ella no dijo nada. Pero se acomodó aún más contra mí.
Y eso fue una respuesta.
La abracé con calma, sin apurar nada, sin esperar nada más que ese segundo de su cuerpo relajándose sobre el mío.
Podía sentirlo: estaba rindiéndose sin darse cuenta.
O dándose cuenta y dejando de resistirse.
Ginevra respiró hondo, despacio, como si despertara de a poco… pero no lo suficiente como para ponerse la coraza de siempre.
—¿Tu mamá… quiere matarte? —preguntó con la voz rasposa, todavía enterrada en mi cuell