Capítulo 98. Lo que empieza a cambiar
Nos quedamos así un largo rato.
Desnudos, enredados, respirando el mismo aire tibio que todavía tenía la forma del “nosotros” recién estrenado.
Ginevra no se movió al principio. Parecía casi dormida otra vez, con su mejilla apoyada sobre mi pecho y una pierna firmemente atrapando la mía, como si temiera que pudiera escaparme si aflojaba un solo músculo.
Yo no pensaba moverme.
Ni aunque la casa entera ardiera.
—Hmm… —murmuró apenas, sin abrir los ojos—. Debería levantarme.
—No deberías —corregí, pasándole la mano por la espalda—. Deberías quedarte aquí.
—No puedo —su voz era un hilo suave, quebrado por la mañana y por el “después”—. Tienes que comer algo. Y tomar tus medicamentos.
Ahí abrió los ojos, despacio.
Y me miró como si recordara de golpe que yo seguía técnicamente *en reposo*.
Intenté sonreírle, pero ella ya se había incorporado, despeinada, con el cabello cayéndole por la espalda y la sábana apenas sosteniéndose en su cintura.
—Voy a prepararte algo rápido —dijo, dejando un b