Capítulo 96. Yo también te quiero
Me quedé quieto, envuelto en ese abrazo que ella no sabía dar hasta hace unos minutos.
Ginevra respiraba contra mi cuello, más tranquila ahora, como si el simple acto de no huir la estuviera desarmando por dentro… y a la vez reconstruyendo de una manera nueva.
Pasaron segundos. O minutos. O lo que fuera ese tiempo suspendido que solo existía entre nosotros.
Hasta que ella, muy lentamente, aflojó su abrazo.
No se apartó.
Solo levantó la cabeza y me miró como si estuviera evaluando si lo que acab