Capítulo 88. Lo que duele después
El pasillo quedó en silencio después de que las puertas del ascensor se cerraron, pero el eco de ese silencio… ese fue el que realmente me destrozó.
Me quedé ahí un segundo, dos, diez, respirando como si hubiera corrido una maratón. El cuerpo quería moverse, quería ir tras ella, quería llamar su nombre otra vez, pero la cabeza… la cabeza estaba hecha un desastre.
—Perfecto —me dije entre dientes—. Muy bien, idiota. Excelente trabajo.
Golpeé la pared con la frente, no fuerte, pero lo suficiente