Capítulo 80. El problema de quererla demasiado
La puerta se cerró detrás de ella con un clic suave, casi educado, casi irónico considerando el desastre que había dejado a mis sentidos.
Me quedé ahí, exactamente en la misma posición, respirando entrecortado por culpa de la costilla… y por culpa de ella.
De lo que me había hecho, de lo que casi dejamos que pasara, de lo que iba a pasar en cuanto volviera.
Porque volver, iba a volver.
Pasaron unos segundos, o minutos, no sé, y finalmente exhalé, dejándome caer contra el respaldo del sofá. Sent