Capítulo 69. El beso robado
Ginevra bostezó sin ninguna intención de disimularlo. Ni siquiera llevó la mano a la boca; simplemente dejó que el cansancio le ganara por un segundo.
La miré de reojo.
—Deberías ir a tu casa a dormir un poco —sugerí—. Estás agotada.
Ella negó de inmediato, como si la sola propuesta fuera absurda.
—No puedo. Tengo demasiado trabajo —contestó, acomodándose mejor en la silla—. Sobre todo ahora que mi ayudante decidió tirarse de varios metros para no tener que soportarme.
La miré, incrédulo.
—¿Per