Capítulo 70. Café frío y trámites
La puerta se cerró y el silencio volvió al cuarto.
Ni drama, ni epifanías, ni nada parecido.
El beso no me dejó pensando en absolutamente nada.
Era un beso.
Ya habían pasado cosas mucho más explícitas entre nosotros como para que eso siquiera clasificara como evento.
A lo mucho, fue un “ah, mira, pasó”, y listo.
Me acomodé en la cama, con la espalda protestando.
La máquina del lado hizo un pitido, como saludando.
Suspiré.
—Podría haberle pedido otro café —murmuré.
Eso sí habría sido útil.
Levan