Capítulo 40. No me voy a ir
Di dos pasos hacia la puerta. Solo dos.
Y fue suficiente para sentir cómo algo dentro de mí se rompía.
El aire del pasillo era distinto, más frío, más hostil.
No podía dejarla así. No después de verla temblar, no después de todo lo que no había dicho.
Giré sobre mis talones y volví.
Ella seguía donde mismo, de espaldas, con los hombros tensos y las manos apretadas a los costados.
Se dio vuelta apenas cuando me oyó regresar, y su expresión fue una mezcla de sorpresa y cansancio.
—¿Qué haces? —pr