Capítulo 39. Alguien a quien ella amó
Esperé a que el silencio se asentara.
La noche se deslizaba lenta, con ese aire espeso que deja la calma después del llanto.
Ella seguía recostada junto a mí, el cabello todavía húmedo, las manos jugando distraídas con el borde de la toalla.
Yo no podía dejar de mirarla.
No porque buscara una excusa para hacerlo, sino porque había algo en su quietud que me resultaba inquietante.
Una serenidad falsa, como si hubiera aprendido a sostenerse justo antes de romperse otra vez.
—¿Puedo preguntarte alg