Capítulo 41. Todo puede esperar
El sonido del agua corriendo se volvió casi hipnótico.
Era como si el baño se hubiera convertido en una extensión de ese silencio que habíamos construido entre los dos, frágil pero necesario.
No sabía cuánto tiempo pasó. Solo sé que no quería moverme, no quería pensar en nada que existiera fuera de esas cuatro paredes.
Cuando el agua se detuvo, el silencio me pareció demasiado grande.
Entonces escuché el ruido del vidrio de la ducha, el suave roce de una toalla, el leve crujido del piso bajo su