Capítulo 24. Humores y confesiones
El sofá seguía siendo un territorio delicado, un campo minado de recuerdos y tensiones. Ginevra respiró hondo, cerrando los ojos apenas un instante, y pude notar cómo su cuerpo parecía relajarse un poco.
—Ya me bajó —dijo, con una mezcla de alivio y frustración contenida, dejando escapar el aire que parecía haber estado conteniendo durante días.
No pude evitar inclinarme ligeramente hacia ella, sorprendido por la honestidad de la confesión.
—¿Ah… por eso estuviste así de mal humor toda la seman