Capítulo 15. Una Ginevra radiante
Al día siguiente, Ginevra llegó puntual. La primera cosa que noté fue su semblante: relajado, casi liviano. Su cabello caía con naturalidad sobre los hombros, y había algo en su postura, más erguida, más tranquila, que contrastaba con la tensión del día anterior. Parecía haber dormido bien, y eso se reflejaba en cada gesto.
Me acerqué a su oficina con paso silencioso, sonriendo apenas.
—Buenos días —dije, y ella levantó la vista sorprendida, pero sonriente.
—Buenos días —respondió, con una voz