Capítulo 14. Los amigos no hacen esas cosas
No sé cuánto tiempo pasó después de aquello.
Solo sé que seguí allí, apoyado en el marco de la puerta, mirando cómo ella se obligaba a volver a la normalidad.
O al menos a fingirla.
Había vuelto a sentarse, los planos desperdigados otra vez sobre el escritorio, el cabello recogido de cualquier forma, los ojos cansados.
Movía el mouse, cambiaba de ventana en la pantalla, hacía anotaciones al margen.
Pero era evidente que no estaba trabajando.
Solo intentaba distraerse de sí misma.
Di un paso más