Damián usó toda la fuerza que le quedaba para zafarse del par de hombres que lo sujetaban por los brazos.
Logró avanzar tres pasos y el cuerpo le celebró la victoria por una fracción de segundo, aunque enseguida volvieron a atraparlo, esta vez con más decisión, como si ya hubieran dejado de verlo como “cliente molesto” y lo hubieran clasificado como “problema”.
—Aquí, seguridad —escuchó a su lado.
La voz le pasó