Necesito hablar contigo.
Damián terminó de subir las escaleras con esa determinación necia que solo aparece cuando uno ya perdió demasiado y aun así se niega a aceptarlo.
Tenía las manos húmedas, el corazón golpeándole costillas como si quisiera salirse a reclamar por él, y aun así siguió avanzando, porque ya la veía a unos metros, sentada en esa mesa que parecía una vitrina de lujo, hablando animada con los demás, riéndose como si el mundo no tuviera garras.
Como s