Renuncio a ti.
Emma salió con esa calma que solo se aprende cuando ya te rompieron y, aun así, te tocó seguir caminando como si nada.
Damián la vio cruzar el umbral del restaurante y por un segundo se le olvidó respirar, no porque fuera una aparición milagrosa, sino porque era un recordatorio brutal de todo lo que había perdido y de lo fácil que el mundo seguía girando sin él.
Sus ojos verdes estaban sombríos y aun así, o tal vez por eso mismo, se veía más hermosa de lo que la recordaba.
El traje negro se le pegaba al cuerpo con una elegancia peligrosa, marcándole la cintura, el largo de sus piernas, la firmeza de una mujer que ya no iba a encogerse para hacerle espacio a nadie.
El cabello recogido dejaba su cuello expuesto, fino y largo, y resaltaba los rasgos delicados de su rostro, esos mismos que él había visto llorar la última vez que la vio, aunque en ese momento ella no estaba llora