Después sería demasiado tarde.
El auto se detuvo en el estacionamiento de un restaurante que gritaba exclusividad sin necesidad de luces.
De esos lugares donde el silencio cuesta caro y hasta el aire parece tener etiqueta.
Damián ni siquiera terminaba de estacionarse a una distancia prudente, cuando Mateo bajó primero del auto. Lo hizo con esa calma arrogante que a Damián le resultó una provocación personal, como si el mundo ya le perteneciera y el resto solo estuviera