Esto siempre fue mío.
Al llegar al piso de presidencia de Hartley Group, Emma sintió algo extraño, casi contradictorio.
La misma elegancia que le había parecido intimidante cuando era niña, ahora se le metía en la piel como una especie de… derecho recuperado.
Los empleados los saludaron con sonrisas profesionales, de esas que ya vienen ensayadas para los días importantes.
—Buenos días, señor Hartley… señora Hartley… señorita Rivera.
Em