Esto siempre fue mío.
Al llegar al piso de presidencia de Hartley Group, Emma sintió algo extraño, casi contradictorio.
La misma elegancia que le había parecido intimidante cuando era niña, ahora se le metía en la piel como una especie de… derecho recuperado.
Los empleados los saludaron con sonrisas profesionales, de esas que ya vienen ensayadas para los días importantes.
—Buenos días, señor Hartley… señora Hartley… señorita Rivera.
Emma devolvió cada saludo sin apuro, con una serenidad que no era fingida, pero sí elegida. No porque estuviera cómoda, sino porque había entendido una cosa a fuerza de golpes.
Si tú no ocupas el espacio que te toca, alguien más lo va a ocupar por ti.
Emma nunca había pisado ese nivel. Peter había sido deliberado al respecto, casi ceremonial.
"Conocerás este lugar el día que tengas que gobernarlo."