Bienvenida al trono.
Las miradas cayeron sobre Emma como lluvia pesada.
Esperaban algo, un gesto herido, una reacción, un parpadeo de inseguridad.
Emma les dio lo contrario.
Le sostuvo la mirada a Celeste con una ceja apenas enarcada… y una calma tan pulida que parecía insolente.
Celeste, al notar esa tranquilidad, apretó más los labios, como si le molestara que Emma no se quebrara.
Margaret se veía ofendida, como si Celeste acabara de insultar a toda la familia, no solo a su hija.
Caleb, en cambio, permaneció quieto, observando, midiendo.
Peter la miraba, pero no cambió la expresión.
No hizo drama.
Hizo silencio.
Y ese silencio, en salas como esa, era el sonido del poder.
Peter se levantó, caminó despacio hacia un lado,