Él nunca te rompería el corazón.
La risa de Emma se le apagó en la garganta y fue reemplazada por una tos torpe, una de esas que aparecen cuando el cuerpo no sabe si reír o huir.
Peter carraspeó casi al mismo tiempo, y aunque intentó disimular, la sorpresa se le notó en el gesto al escuchar lo directa —y descaradamente imprudente— que había sido Sienna.
—Caleb es un buen muchacho —intervino Margaret sin poder evitar sonreír—, pero esa es una decisión que solo puede tomar Emma. Sienna, por favor, no le metas a tu hermano por los ojos. Apenas está saliendo del divorcio y está embarazada.
—¡Exacto! —Emma aprovechó el salvavidas—. Además, no quiero casarme nunca más.
Lo dijo entre risas, dejándose contagiar por el buen ánimo de su madre y de su amiga, empujando el tema hacia el terreno seguro del chiste, del comentario ligero que no se toma en serio.
Durante un segundo, funcionó.