Es ella.
Damián miró a Victoria de lado esperando su respuesta.
Su madre no evitó la mirada, al contrario, la sostuvo con la barbilla en alto, como si la pregunta que acababa de escuchar fuera una ofensa y no una consecuencia.
Victoria soltó una risa corta, seca, de esas que no tienen nada de gracia.
—¿Qué? Yo sería incapaz, si ahora estoy en contra de ella es por su desfachatez, no esperó ni un segundo para divorciarse