Es ella.
Damián miró a Victoria de lado esperando su respuesta.
Su madre no evitó la mirada, al contrario, la sostuvo con la barbilla en alto, como si la pregunta que acababa de escuchar fuera una ofensa y no una consecuencia.
Victoria soltó una risa corta, seca, de esas que no tienen nada de gracia.
—¿Qué? Yo sería incapaz, si ahora estoy en contra de ella es por su desfachatez, no esperó ni un segundo para divorciarse de ti y mezclarse con otros hombres con dinero. ¿Tan ciego estás por ella que no notas mis verdaderas intenciones?
Lo dijo con seriedad, con esa convicción teatral que siempre usaba cuando quería que su versión fuera la única versión posible, pero Damián ya no podía tragársela.
No después de lo que vio en esa oficina, no después de escuchar a Mateo hablar de Emma como si fuera un tesoro que se protege, no después de darse cuenta de que él m