C19: Todo es culpa de esta chica.
El crujido del vidrio estrellándose contra el suelo de mármol resonó como un disparo. El vino tinto, caro y de añejamiento exquisito, se esparció como sangre sobre la piedra blanca.
Hazel se quedó paralizada, mirando la escena con los ojos desorbitados. No por compasión, no por la herida que se abría en la piel de Nadia debido al cinturón, sino por la botella.
—¡¿Sabes cuánto costaba ese vino, estúpida?! —rugió con el rostro desencajado por la furia—. ¡Límpialo! ¡Límpialo todo ahora mismo! ¡Esto