De repente, un estruendo irrumpió en la quietud de la casa, un ruido potente que parecía venir del vestíbulo, como si algo pesado se hubiera derrumbado. Jared se detuvo en seco, inmóvil durante varios segundos, intentando comprender lo que ocurría.
De pronto, unos ecos de pasos apresurados y voces mezcladas llegaban cada vez más claros, y un ceño fruncido marcaba su frente mientras trataba de discernir el origen de aquel alboroto. Murmuró para sí mismo, con un hilo de incredulidad.
—¿Qué demoni