Indira quedó pasmada, como si las palabras de Nadia le hubieran golpeado con la misma fuerza que la bofetada que acababa de darle. El descaro de aquella muchacha le resultaba intolerable, y sus facciones se tensaron de pura indignación.
—¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera? ¿Con qué descaro mencionas eso delante de mí? ¿Qué demonios te ocurre, Nadia? —exclamó, temblando de rabia, con los ojos muy abiertos por la incredulidad.
Antes de que pudiera añadir algo más, Jared intervino con un to