Indira no dejaba de golpear la puerta con insistencia y el eco de los golpes se mezclaba con sus exigencias.
—¡Papá, sal de ahí ya mismo! ¡No voy a quedarme tranquila hasta que salgas! ¡Abre la puerta de inmediato! —insistía, cada vez con mayor fuerza, como si estuviera dispuesta a derribar la madera si no obtenía respuesta.
Dentro de la habitación, Jared se quedó quieto, sin apartarse de su lugar. No se apresuró a responder ni a abrir, sino que se mantuvo pensativo. Cuando por fin habló, lo hi