Nadia seguía quieta, atrapada en una especie de parálisis que no le permitía reaccionar. Su mente se negaba a aceptar lo que sus ojos estaban viendo. No podía ser cierto. No, no podía serlo. Se repetía mentalmente una y otra vez que era imposible que Jared estuviera allí, frente a ella, invadiendo el único lugar donde se sentía a salvo.
Había hecho tanto para que no pudiera encontrarla: cambiar de identidad, construir una vida completamente nueva en Italia, ingresar al instituto y estudiar aque