Leander sintió que la rabia estaba haciéndolo enloquecer.
—Sal de aquí.
—Hijo, pero…
—¡Sal ahora mismo!
La mujer salió apurada, pero ese grito se escuchó hasta el comedor.
Todos se quedaron paralizados. Elisa sintió la mirada severa de Ana, tuvo un mal presentimiento, pero no supo qué pensar, respiró profundo.
Sonia pasó de la mesa, dijo que no tenìa hambre, el abuelo la miró confuso.
Màs tarde, Elisa subió a su alcoba.
Leander bebió esa copa, se sintió rabioso, había luchado por contenerse, po