—¡Déjame ir, Rafael! Harán daño a Piero, necesito rescatarlo.
—¡Qué tonterías! No eres una heroína, ¿no te das cuenta de que Gustavo está mal de la cabeza? ¿Sabes dónde está?
Ella tragó saliva y asintió muy lentamente.
—Me llamará pronto para decirme dónde encontrarlo, solo quiero que Piero esté bien.
—Iremos contigo, pero también lo hará la policía, es hora de que Gustavo pague por lo que hizo. Escúchame, Ana, debes ser màs lista, ¿o quieres que èl termine ganando?
Ana negó, asustada.
Pronto, d