El silencio después de la tormenta era ensordecedor.
Me desperté sola en la cama de Nathan. Sábanas grises revueltas. Luz gris filtrándose por cortinas a medio cerrar. El espacio a mi lado estaba frío.
Había estado solo durante horas.
Mi teléfono mostraba las 10:23 a. m. Diecisiete horas desde la conferencia de prensa.
Diecisiete horas desde que le dije al mundo que mi madre asesinó a Helena Blackwood.
El recuerdo llegó en oleadas. Las cámaras. Los flashes. Mi propia voz llenando la sal