El despertador sonó a las seis de la mañana.
Demasiado temprano. Demasiado pronto. Demasiado real.
Nathan ya no estaba en la cama. Podía escucharlo en la ducha del baño contiguo. El sonido del agua contra azulejo. Mundano. Normal.
Como si anoche no hubiera confesado que me amaba.
¿Lo había soñado? ¿O realmente lo dijo?
No lo sabía. Y no tenía tiempo para procesar.
En dos horas vería a Madison.
En cuatro, enfrentaría a las cámaras.
En algún punto intermedio, mi vida cambiaría otra vez. Para mejor