La semana catorce llegó un martes de julio con calor húmedo y las ventanas del penthouse abiertas de par en par.
Evelyn llevaba tres días pensando en la forma de decirlo.
No en si decirlo. En la forma. Había descartado la cena seria donde todos entendieran desde el principio que algo importante estaba por decirse. Había descartado el anuncio individual, de uno en uno, que la obligaría a repetir la misma escena hasta seis veces con la misma energía en cada una. Había descartado el mensaje al gru