Irina se había ido hacía menos de una hora y el silencio que dejó era distinto al de antes. Más denso. Como si sus palabras hubieran desplazado el aire del consultorio y este tardara en volver a su lugar.
Damien tenía los archivos sobre el escritorio. No todos —nunca había guardado todo, eso también era una forma de protección, o eso se había dicho a sí mismo durante años— pero sí los suficientes: las notas clínicas de los casos que Irina había mencionado, los informes de seguimiento, algunos c