Los archivos llegaron en un sobre sin remitente, pero Damien reconoció la letra de Irina en la esquina inferior izquierda: una sola inicial, una sola línea. El código que habían acordado tres semanas atrás, cuando ella todavía dudaba si cruzar la línea entre testigo y cómplice de la verdad.
Los extendió sobre la mesa del consultorio. Ariadna estaba sentada frente a él, no en el sillón de siempre sino en la silla recta que Damien usaba cuando necesitaba pensar con el cuerpo erguido. Había algo e