La primera vez que Ariadna dijo su nombre en voz alta —el de él, no el de terapeuta, no el de doctor, sino el de la persona que había conocido antes de todo esto— el aire del consultorio cambió de densidad.
"Damien."
Solo eso. Como si lo estuviera probando. Como si después de años de haberlo archivado en algún lugar donde las cosas duelen menos, necesitara verificar que todavía cabía en su boca.
Él no respondió de inmediato. Estaba sentado frente a ella sin el bloc, sin el bolígrafo, sin ningun