La lluvia llegó primero en el recuerdo de ella.
No como fondo, no como detalle atmosférico, sino como presencia física: el sonido contra el cristal de la ventana, el olor a tierra mojada que se colaba por el marco mal sellado, la forma en que la luz de la farola se partía en el asfalto húmedo y dibujaba algo parecido a un río justo debajo del apartamento. Ariadna cerró los ojos en el sillón del consultorio y la lluvia volvió completa, con toda su gramática.
Damien lo vio en su cuerpo antes de e