El apartamento olía a polvo y a tiempo detenido.
Damien lo supo antes de abrir la puerta, cuando la llave giró con esa resistencia particular de las cerraduras que llevan demasiado tiempo sin usarse, ese pequeño crujido metálico que no es avería sino abandono. El casero le había dicho que nadie había vivido allí en cuatro años. Lo dijo con la indiferencia de quien administra espacios y no historias, firmando el permiso de acceso temporal como si fuera un formulario de rutina. Quizás lo era, par