Melissa entró en silencio al apartamento mientras Javier dejaba algunas compras de comida en la mesa.
—Siempre te ha gustado la comida china.
Melissa arrugó la nariz y negó.
—Sí, pero… ¿Podemos comer más tarde?
—Claro… Ammm, ¿realmente te vas a quedar aquí?
Ella sonrió asintiendo. Tenía los ojos hinchados, y su rostro se veía rosado.
—Sí, me gustaría, siento que todo esto huele a ellos, estarán cerca de mí de esta forma.
—Meli…
—¿Qué?
—Realmente sigo con mi propuesta. Cuando quieras.
—Lo sé, he