La noticia del fallecimiento del Nonno se esparció como un susurro sagrado por toda Italia. No solo era un patriarca; era una leyenda viva entre las familias tradicionales del norte, un símbolo de honor y fortaleza y, en menos de veinticuatro horas, su nombre estaba en boca de todos los que lo habían conocido, amado, temido o respetado.
El día del funeral amaneció con un cielo blanco, espeso, como si la niebla hubiera decidido arropar el mundo en un abrazo silencioso. Las campanas de la iglesia