La sala principal de la villa Machiatti nunca había estado tan silenciosa. A pesar del murmullo de conversaciones previas y de los pasos arrastrados de quienes aún procesaban el luto, el anuncio de que se leería el testamento del Nonno Lorenzo esa misma noche había paralizado a todos como un conjuro inesperado.
Bruno bajó con Melissa a su lado, aun con el rostro ensombrecido por el luto, pero con el porte firme.
—¿Por qué tan rápido? —susurró una de las tías desde el fondo.
—Ni siquiera hemos t