Había pasado un año desde la muerte del Nonno Lorenzo, pero la villa Machiatti no parecía estar de luto. El tiempo, lento y sabio, había hecho lo suyo. Los jardines estaban floreciendo de nuevo.
Un año desde que la vida se partió en dos, y luego, como por instinto natural, comenzó a armarse de nuevo.
Italia les había dado algo más que tierra y legado: les ofreció raíz.
Por la mañana, la mansión se despertaba al ritmo de la rutina. Melissa salía temprano hacia el estudio de diseño, donde ya dirig