El aire en los jardines de Villa Erba estaba cargado de emociones, copas de champán y carcajadas entre invitados. Pero había momentos que quedaban suspendidos, como fotografías vivas entre la multitud, y Melissa aprovechó de hacerse todas las fotos que fuesen posible en su día.
En un instante, casi cuando el atardecer se hizo más naranja que en cualquier otro momento del día, Lorenzo, el nonno, pidió un momento delante de todos, para hablar.
Y aunque sus ojos y rostro no lo registraban, estaba