Rendidos por el agotamiento físico y emocional de una noche atroz, ambos se dejaron llevar por un sopor profundo e inocente, cayendo dormidos en un abrazo de protección hasta que las primeras sombras de la noche comenzaron a disiparse.
A la mañana siguiente, la luz fría y prístina del amanecer napolitano atravesó los ventanales de la cocina de diseño del ático. Buscando desesperadamente mantener la mente ocupada antes de volver al hospital, Fiorella se había levantado temprano...
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