El aire en el pasillo de la Unidad de Cuidados Intensivos se volvió repentinamente tóxico. Fiorella se cubrió la boca para ahogar un grito de pura incredulidad mientras la pantalla del teléfono de su padre parpadeaba, proyectando las palabras de Gabriella como si fueran dagas al rojo vivo.
«...Qué lástima que su honor valiera menos que tus noches en la cama del magnate, ¿
Valió la pena?»
La sangre se le congeló en las venas.
La náusea del pánico dio paso a una corriente de odio gélido, puro y