Minutos más tarde, mientras Valerio atendía una llamada urgente en el área de secretaría con el equipo de abogados para preparar los documentos de la cesión de patentes, Fiorella salió un segundo al pasillo de la cafetería ejecutiva para servirse un vaso de agua.
Fue un descuido de segundos.
Una mano dura la sujetó del brazo y la arrastró hacia la penumbra del pasillo de servicio. Dominic la acorraló contra la pared.
— Suéltame, imbécil, o voy a gritar — siseó Fiorella, mirándolo con puro asco.