Fiorella Salvatici contempló el fondo vacío de su tercer Bourbon puro, sintiendo el ardor líquido deslizarse por su garganta.El bar más exclusivo de la costa napolitana bullía con el murmullo de los ricos y hombres de negocios, pero para ella el mundo se había reducido a un eco distante de traición.«Te amo, Fiorella, pero Gabriella... ¡Ella despierta algo que tú simplemente no tienes!», las palabras de Dominic, su prometido hasta hacía apenas un par de semanas, se repetían en su mente como un taladro.Y luego la risita de Gabriella Marotti, su mejor amiga desde la infancia, oculta entre las sábanas de seda que Fiorella misma había elegido para su futuro hogar.No solo se acostaban, planeaban usar el matrimonio para traspasar los terrenos históricos de su familia en Ischia a la corporación Sforza, aprovechando las deudas que asfixiaban a su padre, Paolo.Fiorella apretó el vaso con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos.Su respiración se agitó, haciendo que el generoso es
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