El estrépito de la puerta principal cerrándose tras la partida del viejo Vitale y de la Policía Financiera dejó paso a una calma chicha dentro del ático.
Sin embargo, para Fiorella no hubo respiro.
Apenas marcadas las ocho de la mañana, el timbre del área de servicio anunció la llegada de un contingente de mensajería privada.
Cuatro repartidores de guantes blancos comenzaron a ingresar imponentes cajas de cartón rígido con sellos dorados de casas de alta costura internacionales, seguidas de som