El silencio en la suite médica se volvió denso.
Paolo miró a Valerio, buscando algún rastro de engaño en las facciones esculpidas en piedra del magnate, pero solo encontró la frialdad inaccesible de un hombre que no acostumbraba a dar explicaciones a nadie y que, sin embargo, estaba allí, rindiendo cuentas por respeto a la salud de un viejo al que no le debía nada.
Fiorella apretó la mano de su padre con delicadeza, interviniendo con los ojos brillantes por las lágrimas contenidas.
— Es la verd