Dos pasos seguidos por tres, subiendo las escaleras corriendo.
—¿Qué haces en medio de las escaleras? —Leandro se interpone ante Luna, bloqueándola.
—Nada, estaba aburrida, bajando a tomar un poco de aire —Luna echó un vistazo a Leandro.
Las cejas de Leandro, fruncidas, se relajaron ligeramente. Apretó sus delgados labios, avanzó y levantó a Luna en sus brazos, bajando las escaleras y llevándola hasta el sofá en la sala de flores.
El sol se filtraba desde el techo de cristal, tiñendo todo con un