El espacio del vestíbulo de la escalera de incendios no era grande y la luz era escasa.
En ese momento, la luz parpadeante delineaba el perfil tridimensional de Luna, haciéndola aún más hermosa que en la sala de reuniones.
Leandro no podía apartar la vista. Al verla mantenerse lo más alejada posible de él, le hizo un gesto con los dedos, su mirada llena de seducción.
—¿Te acercas tú, o voy yo? —preguntó con un tono provocador.
Luna frunció el ceño y se quedó quieta. Era evidente que estaba coque